La supernova SN 2022jli sorprendió a la comunidad científica por el aspecto inusual de su curva de brillo, el registro de los cambios de su luz a lo largo del tiempo en que se desarrolla la explosión. La supernova mostró dos picos de luminosidad bien marcados, una evolución mucho más lenta de lo esperado y, transcurridos unos 270 días, una caída abrupta en su luz.
Un equipo, del que participa Melina Bersten (IALP-FCAG, CONICET-UNLP), analizó en detalle esta explosión de tipo Ic (es decir, una supernova en la que explota una estrella masiva sin envoltura de hidrógeno ni helio). Para entender su comportamiento, compararon modelos numéricos con dos posibles fuentes de energía:
- La desintegración radiactiva del níquel-56, elemento pesado sintetizado durante la explosión.
- La presencia de un magnetar, una estrella ultracompacta de neutrones nacida del núcleo estelar, en el inicio mismo de la explosión, con un campo magnético extremadamente intenso y que gira sobre sí misma en apenas milésimas de segundo, liberando gran cantidad de energía.
Los resultados muestran que ninguno de estos mecanismos, por separado, puede explicar todas las características de SN 2022jli. Sin embargo, una combinación de ambos, un magnetar que alimenta la luz de la supernova junto a dos “capas” de níquel creadas y desintegradas en la evolución de la explosión estelar, reproduce muy bien la curva de brillo observada.
Este hallazgo no solo ayuda a entender una explosión en particular, sino que también abre nuevas preguntas sobre los destinos posibles de las estrellas masivas y sobre la variedad de procesos que pueden ocurrir cuando una estrella llega al final de su vida.
+paper: https://ui.adsabs.harvard.edu/abs/2025A%26A…700L..17O/abstract