WR 25: una de las parejas estelares más masivas de la Vía Láctea
Las estrellas masivas son unas verdaderas influencers: modifican la composición química de las galaxias, inyectan energía en el medio interestelar y pueden terminar sus vidas en explosiones extremadamente energéticas. Sin embargo, todavía existen grandes incertidumbres sobre cómo evolucionan y pierden una parte importante de su masa. Estudiarlas en sistemas binarios, es decir pares de estrellas unidas por su gravedad mutua, permite medir con mayor precisión algunas de sus propiedades físicas fundamentales.
Un grupo internacional de astrónomos en el cual participa Roberto Gamen, investigador del IALP y la FCAG, realizó un análisis detallado de WR 25, una estrella de tipo Wolf-Rayet ubicada en nuestra galaxia. Las estrellas Wolf-Rayet están entre las estrellas más luminosas y masivas conocidas, las que se encuentran en un estado avanzado de evolución caracterizado por emitir vientos estelares extremadamente intensos. Estos vientos pueden expulsar las capas externas ricas en hidrógeno y dejar expuesto su interior de helio, carbono, nitrógeno y otros elementos químicos. Sin embargo, WR 25 es particularmente interesante porque conserva una cantidad de hidrógeno excepcionalmente alta para una estrella de este tipo.
Las nuevas observaciones mediante espectros de alta resolución permitieron confirmar que WR 25 forma una pareja unida gravitacionalmente con una estrella compañera de tipo espectral O5, es decir, otra estrella masiva y caliente. De este modo fue posible determinar por primera vez las propiedades orbitales de ambas estrellas.
La relación entre sus masas indica que la estrella Wolf-Rayet tiene al menos 55 veces la masa del Sol. Esto ubica a WR 25 entre las llamadas estrellas WNLh, una clase muy poco frecuente de estrellas Wolf-Rayet que todavía conservan hidrógeno y que podrían encontrarse en una etapa temprana de su evolución. Además, los autores encuentran indicios de que podría existir una tercera estrella en el sistema.
Sistemas como WR 25 son verdaderos laboratorios naturales: al conocer sus órbitas y masas podemos poner a prueba los modelos que describen la evolución de las estrellas más masivas y comprender mejor cómo estas gigantes transforman el ambiente de las galaxias.
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