Una supernova cercana sin señales de interacción

Las supernovas de tipo II son explosiones de estrellas masivas que, al agotar su combustible, colapsan y expulsan sus capas externas al espacio. En abril de 2024 se detectó SN 2024ggi en una galaxia relativamente cercana, a unos 22 millones de años luz. Su proximidad permitió observarla con gran detalle incluso muchos meses después de la explosión, cuando entra en lo que los astrónomos llaman fase nebular: el momento en que el material expulsado se enfría, se vuelve más transparente y deja ver la composición interna de la estrella que explotó.

Un equipo internacional liderado por miembros del IALP (Lucía Ferrari, Gastón Folatelli, Keila Ertini, Tomás Regna y Melina Bersten) analizó imágenes y espectros (el “arcoíris” de la luz estelar) obtenidos entre los 287 y 400 días posteriores al estallido. Comparando sus observaciones con modelos teóricos, estimaron que la estrella progenitora habría nacido con una masa de entre 12 y 15 veces la masa del Sol. En Astrofísica es súper importante poder estimar las masas de las estrellas y las supernovas son una clave para ello.

Los espectros muestran pocos cambios en el tiempo: no se notaron señales de choque entre el material expulsado y el gas circundante, lo que sugiere una explosión relativamente simétrica, sin una envoltura densa alrededor de la estrella al momento de morir.

También reconstruyeron la curva de luz, es decir, cómo varió el brillo con el tiempo, y calcularon que se produjo una cantidad moderada de níquel radiactivo, responsable del brillo tardío de la supernova.

Cada supernova cercana es una oportunidad valiosa: permite afinar los modelos que explican cómo viven y mueren las estrellas masivas, y cómo enriquecen el espacio con nuevos elementos que, a largo plazo, forman planetas… y vida.

+paper: https://ui.adsabs.harvard.edu/abs/2025A%26A…703A..12F/abstract